
Tal vez me hubiera atrevido a operarme la nariz, quizá un poco más ligera y respingada me hubiera hecho feliz o quizá no. Uno nunca sabe de esas cosas, sino hasta que le toca verlo o vivirlo. Pero lo que es claro, es que los estándares de belleza son distintos ahora que hace unos años y para colmo, son mucho más exigentes.

Mi amigo César trabaja para un centro de belleza, está rodeado de hermosas mujeres y hombres atractivos, pero que han logrado serlo solamente con ayuda del cortecito y la mano del doctor y no de la naturaleza.
Yo creo que la cosa tiene que ver un poco con la autoestima, pero también puedo estar equivocado, puede ser que mi etapa de llamar la atención pasó y ya no es importante como me veo tanto como me siento y en cuyo caso, la cosa cambia radicalmente. Me encanta sentirme seguro de mi mismo y esa seguridad la provoca mi estado de ánimo que viene como consecuencia de mi estado interior y de la belleza que yo mismo encuentre ahí.
Mi amigo César - como les decía -, está rodeado de belleza y aunque parece que no lo nota, él mismo es belleza, pero ha caído en las garras del arte sobre el cuerpo, de un cirujano plástico para el que trabaja, seducido por la idea de quitarse un pedacito por acá y arreglarse otro tanto por allá, ha empezado de a pocos a cambiar lo que no le gusta.
La mitad de nosotros (los del grupo) estamos a favor, que se haga lo que quiera con tal que se sienta bien consigo mismo; la otra mitad opinamos que es totalmente innecesario.
Y usted que opina?